minujin

Leía en Free Play de Stephen Nachmanovitch:

“Un artista en ciernes puede tener las más profundas visiones, sentimientos e insights, pero sin destreza no hay arte. La variedad de posibilidades que abre nuestra expresión viene de la práctica, el juego, el ejercicio, la exploración, el experimento. Los efectos de la ausencia de práctica (o de la práctica con insuficiente riesgo) son la rigidez del corazón y del cuerpo, y una extensión de variedad cada vez más extrecha.”

“Sin destreza no hay arte” el mismo concepto que en Bateson.

Y no podía evitar pensar que otro efecto (y también una consecuencia) de esa falta de conexión con lo material, es la característica hipertrofia del concepto que habita las galerías de arte. La práctica es una frecuentación de lo material, es  manipulación, exploración y experimentación que desemboca en la adquisición de destrezas. Pero la progresión lineal en el arte, calcada del progreso técnico, superó todas las vanguardias y pensó todo lo pensable: la idea se volvió monstruosa y por fin desmaterializó la obra. Un paraíso mental soltando amarras de cualquier relación con el cuerpo. Arte conceptual: arte inmaterial, lo que importa es la explicación del mingitorio, la idea que lo lleva a su exhibición, no su materialidad, ni la destreza técnica, que no es necesaria para producirlo. Desde la suciedad del barro y los colores llegamos al reino de los ideales platónicos, de la filosofía, como corresponde a una civilización abstracta, que identifica idea de placer con placer, idea de felicidad con felicidad, que compra como almuerzo una foto de una hamburguesa de ensueño mientras devora una albóndiga aplastada entre dos panes.

Lo que, naturalmente, se agiganta, como no, es la figura del artista, la obra puede desaparecer, pero el artista conceptual no se propone seguir el camino hacia la desmaterialización de su  propia obra de arte, todo lo contrario: sigue reclamando los aplausos, los honores y, claro está, el dinero, porque, aunque aspiremos a una confortable disolución en  meras ideas, nuestros cuerpos, maravillas, siguen quemándose en el instante, segundo a segundo y, por supuesto, reclamando su necesidad de comer, de dormir, de defecar y de fornicar, y a veces, porque también tenemos una mente, como no, de deshacernos de lo enfermo y transmutarlo en expresión: en arte.

2-468x293