Le tengo especial cariño a esta historieta. Es cierto lo que me dicen algunos amigos de que puede impresionar como algo pirotécnica o presumida en la faz gráfica, pero confieso sinceramente que no dibujé con intención de lucir el dibujo, sino que la intimidad del relato tenía un costado cósmico que necesitaba poner en evidencia enrareciendo el ambiente cotidiano, tomando de referencia puntos de vista extraños, que intentasen remedar la idea, la sensación de presente infinito. Que haya fracasado no es novedad. Que haya podido intentarlo marcó una grata diferencia, un cambio de aires en el paisaje existencial que yo habitaba hasta ese momento. Estas cinco páginas señalaron el tímido comienzo de mi salida de un largo estancamiento mental. Le estoy muy agradecido a Jorge Zentner por esa oportunidad.